lunes, 6 de diciembre de 2010

La pelea con Euskal

Era tarde. Las luces de la casa ya se habían apagado para ir a dormir. Les conté a mis padres del incidente del día. Había golpeado a Euskal en la nariz, para defenderme; él había sangrado. Tras el recreo, la tía Margarita nos dejó de pie frente a toda la clase, cada uno a cada uno de los lados del pizarrón, en la pequeña sala de primero básico. Mi padre se encolerizó. Cómo podía ser que una docente hiciera semejante cosa. Iba a hablar con ella. La llamaría en ese mismo instante. Yo desesperé. No, papi, no es necesario. Empecé a temblar. Nada lo que había contado era cierto.
Tenía 6. Y las mentiras, consecuencias.

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