martes, 11 de septiembre de 2012

De pronto comprendí que se llega a la vejez cuando se tiene la sensación de ocupar cada vez menos lugar en el mundo. Durante la niñez y la juventud creemos que el mundo nos pertenece y que existe porque nos pertenece, en la edad madura intuimos que eso no es del todo así y peleamos para que lo sea, y la vejez comienza cuando nos damos cuenta de que nuestra existencia es indiferente para el mundo. Naturalmente eso ha sido siempre así, sólo que no lo sabíamos.

José Saramago

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domingo, 9 de septiembre de 2012

De cronoscopios y famas

En 1956 Isaac Asimov publicó, en la (ahora) longeva Astounding Science Fiction,el relato de ciencia ficción The Dead Past, cuyo argumento deambula entre la necesidad historiográfica de verificar ciertos descubrimientos y teorías sobre la antigua Cartago, mediante el uso del cronoscopio, y otra serie de reflexiones políticas y filosóficas. Dicho artilugio, así nombrado por la conjunción griega khronos -tiempo- y scopio -observar, llamado también "cronovisor", permitiría observar, e incluso, fotografiar el pasado gracias a la neutrínica aplicada. Los beneficios que esta máquina podría traer para la historia son evidentes...
9 años después, el sacerdote benedictino Marcello Pellegrino Ernetti afirmó construir dicha máquina, y observar la fundación de Roma, la destrución de Sodoma y Gomorra, e incluso, la crucifixión de Jesucristo; pero no fue sino hasta 1972 que la noticia llamó la atención de fanáticos y científicos, tras la entrevista que hiciera la publicación italiana La Domenica del Corriere.


Pero 4 años antes de la publicación de Asimov, Agostino Gemelli (fraile franciscano) había sentado las bases de esta -posible- actividad al descubrir la psicofonía, tras una sesión de grabación, en que se habrían captado sonidos provenientes de otra época y, más sorprendente aún, de personas ausentes.

El trabajo de ambos religiosos fue fuertemente criticado por la comunidad científica "ortodoxa", particularmente por no existir pruebas fehacientes de la existencia de dicha máquina, además de no ser probada jamás la posibilidad teórica de la cronovisión. El sacerdote se defendía con escuetos razonamientos: "cada ser humano, desde el momento de su nacimiento hasta el de su muerte crea una grabación en el ambiente formada por un doble surco de luz y sonido (...) Por medio de las antenas que utilizamos en nuestro laboratorio, podemos sintonizar con esos surcos y recuperar la luz y el sonido del pasado."
Sin embargo, la base del relato de Asimov se encuentra en la neutrínica, rama de la física que estudia los neutrinos, una clase de partículas subatómicas que (por su casi insignificante masa) apenas interactúa con el resto de la materia, pudiendo desplazarse a través del espacio practicamente con libertad, cuestión que (posiblemente) también pudiera hacer a través del tiempo...

Estas historias y teorías, aparentemente científicas (Asimov aconseja en Las bases del éxito en ciencia ficción recurrir a la jerga de las ciencias "aunque sólo te suene a jerigonza") perdieron su popularidad con prontitud: y es que jamás se encontraron las máquinas que probaran ni uno ni otro descubrimiento.
Aún así, recientemente el periódico ruso Pravda dio a conocer a un inventor local que volvió a poner el tema sobre la mesa, invocando ahora... los ¡lentes de cuarzo!, que recogerían la luz ultravioleta casi sin pérdidas, obteniendo (de la luz antigua luz) imágenes del pasado...

En fin, si ud. pudiera ver el pasado: ¿a quién espiaría?


Para más información, "De cronovisión" en Tecnología Obsoleta