viernes, 29 de marzo de 2013

Caminaba. Caminaba una conocida vuelta: la del tercer círculo del infierno, en que los condenados deben leer en voz alta y repetir lo que leen, sin titubear ni equivocar ni detenerse, hasta que la perfección brote de sus labios, hasta el momento en que un único discurso sea pronunciable, el leído, el repetido, el aprendido. Las distracciones cuestan caras. Cuéntase de dos desgraciados condenados que erraron la lectura y debieron repetirla por otros dos años.
Caminaba. Caminaba una conocida vuelta: la del círculo que no admite detención ni por el más urgente llamado. Del círculo en que los condenados, en ocasiones, encuentran compañía; pero siguen caminando. Algunos tropiezan. Otros se detienen sin cumplir nunca su condena. Atrapados para siempre en el lugar de los tormentos, expulsados a otra, desconocida, vuelta. No dejarán nunca de caminar.
Caminaba. Se cruzaba frente a mí que escapé del tormento primero, ganando el derecho a detenerme; con sudor, con iguales horas de condena, repeticiones y voces en alto. Que escuchaba a la condenada en sus penosos pasos a la lejana primera libertad; que oía sus bramidos y lamentos, a pesar del tono opaco y callado. Sus cadenas eran inolvidables, no era la única que las usaba; sin embargo, estaba allí, y caminaba. Se cruzaba frente a mí y me evitaba. Los años no habían pasado en vano en el tercer círculo. El dominio de los pasajes se volvía inevitable, pero no yo.
Las vueltas no terminaban. El repetir constante seguía su natural curso en el tercer círculo. Finalmente la condena se acabó.
Y no saludó.
(Y yo tampoco).
Ayer fue el primer día de taller. Supongo que no estaba preparado para ello: escribir frente a otros, leer lo recién escrito, compartir nuevamente con colegiales; liceanos que me recuerdan otros tiempos, otro régimen: el de las rejas, los uniformes, los sudores, la escasa higiene, propia o ajena. Había una palomita blanca... Siento que esos tiempos quedaron atrás hace tanto. No es que el abismo entre los 17 y los 23 sea tan ancho, pero sí, por lo menos, es demasiado profundo.Volver a escribir fue extraño, porque fue una orden, sin inspiración. Traté de sacar lo que tenía en el alma. No salió.

jueves, 21 de marzo de 2013

El tema de moda del momento


martes, 19 de marzo de 2013

Mientras en un mundo un ser aún inocente escribía sobre sus propias perturbaciones, en otra esquina una lúgubre luna se asomaba, esperando irradiar al mundo su tenue luz. Besando al santo de pie muerto, por flechas acribillado; encontrando el arte en la sencillez de las viñas; suspirando himnos en un desconocido idioma que surgía nostálgico, en busca del deseo, de la ira. Y del caos.