lunes, 28 de febrero de 2011

Entradas con retraso

Me sentaría a hablar contigo por horas, por días, por semanas. A hablar de los absurdos a los que dedico mi tiempo en estas cortas vacaciones, de mi Wally y mi test de Rorschach y la compraventa del hada de los dientes y las blasfemias que ya sabes. Hoy he escuchado música toda la tarde y divagado entre Terry Border y Edgar Mueller; sin comenzar aún a leer mis libros de verano que esperan, pacientes, su turno. Este año me ha costado escribir, (...) podría aprender a tocar charango, podría comprar lápices pasteles y pintar y pintar de nuevo, podría pintar la pared de la pieza de la Carla con algún diseño especial, podría aprender más de photoshop.  Podría verte.

26 de enero, 2011.

De los sabios y (nosotros) los demás

Ya que tiendo a sentirme solo (de solitario) en la blogósfera, quisiera subir una respuesta en entrada (o cadena o tira de mensaje) a mi queridísima compañera bloggera (o bloguera, para no perder la costumbre españolísima) de la mismísima Argentina: Marisa Ditt (sí, Marisa). Cuestión que también podría calificarse de falta de originalidad, inspiración, creatividad, o simplemente de plagio (que, entreparéntesis como ya notó, según ¡Usted no lo diga! no indica la idea de copia sino de otras cosas, que ya no recuerdo, pero el lenguaje evoluciona, la calle acepta nuevas acepciones, la RAE también y blablablablá). En fin, comentaba ¡Ay! me duele el intelecto (o respondía o algo así). Recordé que hace poco (y lamento no hablar de grandes sicoanalistas aquí) mi hermana se enfrentaba con una serie de sabiondos sujetos, que trabajaban en una librería. ¿Tienen el primer tomo de la Torre Oscura?¿El Pistolero?. Se llama el nacimiento del pistolero, es un cómic. No, se llama 'El Pistolero', es una novela. No, es un cómic... En fin, quizá se lo pasen leyendo en la librería, quizá dichos libros estén prohibidos y nosotros sin darnos cuenta. Y ¿dónde tienen libros de ciencia ficción?¿no creo que los tengan en ese rinconcito junto a fantasía?. Sí, ahí. Esas cosas sólo pasan en librerías de dos pisos, plantadas en la capital. ¡Que haya que leer best sellers para pillar el libro buscado! Porque de eso sí hay en abundancia, a pesar de que en 10 años, ¡qué 10! ¡en un año más! ya nadie los recuerde.
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Acabo de pensar que quizá si escribiera más espaciado más gente leería mis entradas y mi soledad (que a veces se vuelve crónica) desaparecería paulatinamente del ciberespacio (ámbito artificial creado por medios informáticos o, terrenos en donde el más popular sobrevive y el resto ve series ñoñas).
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(Superado el párrafo anterior, y tras otro salto). Cómo no recordar a esos queridísimos compañeros que se esfuerzan en aprender hojas y hojas (y más hojas) de memoria, sin comprender ni un ápice de lo memorizado. Cómo olvidar también a las pobres señoras católicas españolas que escribían cartas de reclamo a un predicador que leía la Biblia y la enseñaba (exhortando a todos a leerla por su cuenta), señalando Yo no leo la palabra del Señor, porque no la entiendo; así es que dejo que los curas y otras autoridades la interpreten y me la enseñen... Cuestión que no está lejos de nuestra realidad, de nuestras iglesias, en que la palabra de quien sea que está adelante es la máxima autoridad (y no el Libro Sagrado como dicen a todo el mundo)... En fin. Más cerca tengo a mis compañeros... próximas las clases y por primera vez no quiero desprenderme de este verano por las cuadradas mentes  con las que debo lidiar nuevamente.
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Nada podemos hacer. El intelecto es suyo (tuyo/mío/dellos). Igual que los ojos sirven para leer y las manos para pintar, tocar el piano, construir. Ahí verán ustedes/ellos si le dan algún uso... 

domingo, 27 de febrero de 2011

Los buenos escultores

Recuerdo vagamente algunas frases que alguien me dijo por ahí, o que quizá escribió al aire (aunque realmente nadie escriba cosas al aire, sino en un ejercicio liberatorio o laboral, cumpliendo plazos y quéséyo). Decía que hay quienes nos tocan realmente y logran, por equis o ye razón, palpar lo más profundo de nuestros seres, dígase alma, ánima, esencia, espíritu, profundidad, ser interior, quienes somos en realidad, tu verdadero yo, etcétera con tilde en la é. Por otro lado, hay quienes te rozan por un instante, o ni te rozan siquiera, a pesar del tiempo y los cafés y las copas. El dilema que hoy se me presenta frente a la mía mente es la aparente paradoja (redundancia inaceptable, porque ya todos saben que paradoja es...) es el lastimero encuentro, en que uno toca sin siquiera ser rozado por el otro (o en que el otro toca sin siquiera ser rozado por uno, da igual). Lástima, lástima. Es que algunos logran tocar sin siquiera acercarse, con/por el mundo que llevan a cuestas; por las frases precisas en el momento preciso, que escuchamos todos, sin alcanzar a contestar. Es más el momento que la frase. Los buenos escultores tocan la vida a menudo. Los mediocres sólo pasan apresuradamente la mano por encima de ella. Los malos la violan y la dejan por inútil. Era Bradbury también. Recordé.

jueves, 24 de febrero de 2011

Tercera Parte

Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. No importa lo que hagas ―decía―, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos . La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.

Fahrenheit 451,
Ray Bradbury

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lunes, 21 de febrero de 2011

Vuelvo a citar

Personas así, como este don José, se encuentran en todas partes, ocupan el tiempo que creen que les sobra de la vida juntando sellos, monedas, medallas, jarrones, postales, cajas de cerillas, libros, relojes, camisetas deportivas, autógrafos, piedras, muñecos de barro, latas vacías de refrescos, angelitos, actos, programas de ópera, encendedores, plumas, búhos, cajas de música, botellas, bonsáis, pinturas, jarros, pipas, obeliscos de cristal, patos de porcelana, muñecos antiguos, máscaras de carnaval, lo hacen probablemente por algo que podríamos llamar angustia metafísica, tal vez porque no consiguen soportar la idea del caos como regidor único del universo, por eso, con sus débiles fuerzas y sin ayuda divina, van intentando poner algún orden en el mundo...

Todos los nombres,
José Saramago

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